“La sociedad argentina es emprendedora por naturaleza”

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Por Matías Alonso

Bioquímico  y doctor en inmunología, investigador superior del CONICET, además de haber dirigido el Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Buenos Aires (IIBBA – CONICET) y la Fundación Instituto Leloir, Fernando Goldbaum también impulsó la creación de la empresa Inmunova SA, un start up del Instituto Leloir para el desarrollo de nuevas vacunas. Durante 2014, entre otras responsabilidades, la Agencia a su cargo asignará fondos para promoción de la tecnología y la ciencia por un monto que rondará los mil millones de pesos. En diálogo con TSS, el nuevo presidente de la Agencia explica sus puntos de vista sobre algunos temas de política y gestión vinculados con el futuro del organismo.

¿Cómo piensa que su experiencia como emprendedor en biotecnología puede ayudar a definir los lineamientos de la Agencia?

Mi interés en realidad es primero como investigador. Tengo muchos años de trabajo como investigador y el emprendedurismo surgió como consecuencia de trabajos que se empezaron a hacer en el laboratorio. Creo que puedo aportar a que los instrumentos de fomento lleguen en la mejor forma posible, basándome en mi experiencia sobre los problemas y los cuellos de botella y, digamos, en mi conocimiento de la dificultad que enfrenta un investigador-emprendedor. Esa visión es importante para que se tengan en cuenta las condiciones objetivas y reales con las que los investigadores trabajamos.

¿Por qué un investigador de larga y reconocida trayectoria elije trabajar en gestión?

Esa es una pregunta para mi analista (risas). Empecé a trabajar en gestión en el Instituto Leloir y fue porque vi los límites y las dificultades objetivas que se tenían, por ejemplo, para hacer emprendedurismo en una institución que no estaba preparada, o no tenía instrumentos legales, ni infraestructura para hacerlo. Esto me llevo a entender que hay una responsabilidad social de los investigadores, que tenemos que aportar nuestra experiencia para mejorar los instrumentos, mejorar la infraestructura legal, mejorar la capacidad del sistema para responder a las demandas de conocimiento. Además de que, desde joven, me interesó la militancia, la participación en política y me gusta la política científica. Todas esas cosas juntas hacen que uno se decida a participar. Y el llamado del doctor Barañao fue para mí como romper el mito de que los investigadores no podemos trabajar en gestión. Yo ahora estoy de licencia, pero me sigo considerando un investigador que está trabajando en la gestión.

El CONICET ha tenido muchos reconocimientos en los últimos años, pero ¿cómo hacer para que eso se plasme en desarrollos útiles para el sector productivo o el desarrollo social?

Hay una proporción muy pequeña de los investigadores que se enganchan con el emprendedurismo, en nuestro país es algo muy poco frecuente. Sin embargo, hay una proporción importante que ven la posibilidad de que sus descubrimientos sean utilizados en desarrollos tecnológicos. Y después, hay una proporción también importante que por trabas culturales no ve esa posibilidad. En el medio tiene que haber gente que se dedique a la gestión de proyectos tecnológicos, que funcione como una especie de bisagra entre los investigadores y el sistema productivo, que esté atenta a los desarrollos de los laboratorios para que gestione que esos desarrollos científicos se conviertan en patentes que puedan ser licenciadas. En mi experiencia personal, yo nunca dejé el laboratorio, sino que me asocié con gente que hacía el trabajo de gestión. Un investigador solo no puede, no le da el tiempo y tampoco es conveniente distraerlo de su tarea principal, que es investigar. Lo que tiene que hacer es conectarse, asociarse, vincularse con gente que trabaja en la gestión. Por eso el ministerio [el MINCyT] ha desarrollado instrumentos, por ejemplo, para formar gerentes tecnológicos. Es muy importante y es un área vacante que está empezando a llenarse y hace que los investigadores no tengan que vincularse cien por ciento a la tarea de emprendedurismo, sino que tengan partners, que tengan socios que hagan esta tarea.

¿Qué análisis hace de la política de protección de la propiedad intelectual impulsada por el MINCyT?

Hay dos cosas que, para mí, han dado un vuelco. Primero, la creación de la Dirección de Vinculación Tecnológica y una oficina de patentes en el CONICET, que ha sido una puerta de entrada para muchos investigadores. Y segundo, la creación de un subsidio especial, que se llama ANR Patentes, que permite financiar las fases internacionales de las patentes. Por esto se explica que haya aumentado significativamente el número de patentes. Ahora creo que hay que trabajar mucho en aumentar el licenciamiento de esas patentes, porque es una tendencia mundial el que se tienda a patentar sin pensar en el licenciamiento. El patentamiento es un instrumento importantísimo, pero genera gastos que serían improductivos si no se licencian esas patentes. En este aspecto se está produciendo un cambio cultural, he visto muchos investigadores que a la hora de publicar, primero revisan si tienen algo patentable. Esas prácticas son comunes hace 10 o 20 años en el mundo desarrollado.

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Un país en desarrollo como la Argentina también necesita desarrollar procesos que no utilizan “ciencia de punta”.  ¿Hay forma de financiar este tipo de desarrollos?

Sí, hay muchos. El FONTAR tiene muchas líneas de créditos o aportes no reembolsables que no requieren estrictamente un aporte innovativo o la necesidad de patentar. Muchos procesos industriales, o inclusive actividades de ingeniería reversa, o copia de procesos son también muy importantes. Por ejemplo, en el área que más conozco, el desarrollo de los biosimilares es un buen ejemplo. Hay empresas argentinas que se han puesto a desarrollar biosimilares para anticuerpos monoclonales y ahí no se requiere propiedad intelectual, sino desarrollo industrial. Y tanto el FONARSEC como el FONTAR tienen líneas de financiamiento para apoyar ese tipo de desarrollos tecnológicos.

¿Cómo sintetizaría una evaluación de los cuatro fondos que actualmente tiene la Agencia?

Yo tenía, antes de entrar a la Agencia, mucho conocimiento del FONCYT y bastante conocimiento del FONARSEC. Ahora estoy familiarizándome con el FONTAR y con el FONSOFT. Veo a los cuatro instrumentos trabajando muy ágilmente y muy fuertemente. Creo que por el momento estos cuatro fondos cubren todas las necesidades que tiene el sistema. No creo que hoy haga falta pensar en la creación de nuevos fondos, habrá que evaluar el impacto que generaron estos fondos y, quizás, redireccionar, enfocar o ampliar alguno de estos instrumentos. Estos cuatro fondos ya atienden toda la problemática actual.

El sector privado se ha visto históricamente renuente a invertir en I+D en la Argentina. ¿Qué se podría hacer para revertir esta debilidad?

Es un tema difícil. De hecho, uno de los temas centrales para aumentar el porcentaje de inversión del PBI en investigación y desarrollo tiene que ver con traccionar la inversión privada. Creo que queda claro que la Agencia, a partir de lo que comentábamos, está haciendo un esfuerzo muy grande, por ejemplo, fomentando las asociaciones público-privadas. Es un trabajo que plantea un cambio cultural. Con los Fondos Regionales estamos yendo a varias provincias para difundir este instrumento en los sectores productivos locales. Creo que ahí hay una oportunidad, porque hay muchas zonas geográficas dentro de nuestro país donde hay un aumento de la productividad, agroindustrial por ejemplo, que necesitarían de un aporte de la innovación. Y me parece que la manera es insistir con el discurso y con la práctica de la articulación público-privada, mostrar algunos paradigmas y algunos casos de éxito, donde el sector privado pueda ver que invirtiendo en estas asociaciones aumenta su productividad y su competitividad a nivel regional y mundial.

¿Qué expectativas tiene para el programa, financiado por la Agencia, de incorporación de doctores en universidades públicas? ¿Piensa que tendrá mejores resultados que el programa de incorporación de doctores en empresas?

Creo que es una excelente iniciativa. Personalmente me estoy involucrando en ella, porque me parece que la política de regionalización del ministerio es muy importante. Me parece que es muy importante en aquellas universidades nuevas, o no tan nuevas, que les cuesta arrancar y que no tienen prácticamente actores en empresas. Es la única manera de romper ese círculo vicioso de que no se pueden formar doctores porque no hay doctores. Es una muy buena forma de lograr que los recursos humanos que se formaron en estos 10 años permitan un desarrollo más equitativo a nivel regional.

En cuanto a la línea de doctores en empresas, yo sé que ha habido algunos éxitos y muchas promesas no cumplidas, pero me parece que es una línea promisoria que hay que seguir incentivando. Es muy importante formar doctores que se incorporen al sistema productivo y que se incorporen al desarrollo de las nuevas universidades. Se trata de iniciativas complejas y con muchos altibajos, que van a rendir sus frutos si se mantiene una constancia a través del tiempo.

A partir de su experiencia en una empresa que surgió de una incubadora, ¿cuál es su visión sobre la capacidad que tiene la Argentina para generar emprendimientos basados en conocimiento?

Creo que las condiciones son innegables. Hay muchos jóvenes con ideas muy interesantes que se pueden llevar a la práctica. Lo que hace falta es armar estructuras que sirvan para lograr un lenguaje común entre el sector académico y el productivo. Por eso creo que los gerentes tecnológicos son el elemento central para lograr que empiece a consolidarse un lenguaje común entre investigadores, emprendedores, empresarios. Esperamos que en los próximos años se haga visible también el paradigma del investigador que impulsa un emprendimiento y logra tener éxito, que se ponga en evidencia a través de una mejor posición económica para él o ella, para la gente que trabaja con él o ella, y sobre todo a través de la generación de puestos de trabajo de alta calificación y muy bien remunerados para la gente que se forma alrededor de estos investigadores. Creo que la sociedad argentina es una sociedad emprendedora por naturaleza, hay muy buenos recursos humanos en ciencia, así que hay empezar a generar empresas de base tecnológica exitosas.

*Publicado originalmente en el sitio Emprendedores XXI.

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